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Imagen: http://www.generaccion.com/magazine/638/igualdad-oportunidades

[Por: Víctor Codina]

En América Latina ya es habitual la triple metodología eclesial del ver, juzgar y actuar, metodología de la revisión de vida típica de los movimientos cristianos obreros (JOC) promovidos por Joseph Cardijn.

Pero en el Documento de trabajo para el sínodo de la Amazonía de octubre 2019 (Instrumentum laboris) esta metodología se enriquece, pues no solo se habla de ver sino de escuchar: escuchar la voz de la Amazonía (Iª parte), escuchar el clamor de la tierra y de los pobres (IIª parte). ¿Qué importancia tiene este añadido?

Ciertamente es necesario ver y conocer la Amazonía, su extensión geográfica, sus habitantes, la riqueza de su bioma y de sus ríos, la pluralidad de sus culturas. Podemos hacer reportajes sobre la Amazonía, sus riquezas, sus danzas y cantos. La Amazonía es un lugar turístico y folklórico. También podemos elaborar estadísticas científicas y censos. Seguramente esta es la visión, tanto de muchos dirigentes políticos reunidos en el G20, como de las multinacionales, con riesgo de convertirse en fake newsy postverdad.

Por esto la Iglesia en el sínodo quiere dar un paso más, escuchar al pueblo amazónico, dejarse estremecer por su clamor, por la historia de su pasión. Francisco pide al Espíritu para los participantes de los sínodos el don de la escucha, escuchar a Dios a través del clamor del pueblo (Episcopalis communio6); y en su encuentro con el pueblo indígena amazónico en Puerto Maldonado, Francisco no quiso hablar, sino que pidió que ellos mismos expresasen su identidad, para lo cual es necesario escucharlos. Por esto antes del Instrumentum laborisse ha elaborado una amplia escucha y consulta al pueblo indígena.

Y ¿qué escuchamos del pueblo indígena? Que es un pueblo amenazado de muerte, un pueblo explotado por concesiones madereras, megaproyectos hidroeléctricos, petroleros, mineros y de monocultivos, por carreteras y ferrovías, con contaminación de ríos, caza y pesca predatorias, narcotráfico, expulsión de su territorio, pérdida de sus culturas originarias, criminalización y asesinato de sus líderes y defensores del pueblo. Nunca el pueblo amazónico había estado tan amenazado como ahora.

También el pueblo lamenta que la Iglesia, a pesar de su gran ayuda, todavía resulte distante, colonial, clerical, impositiva, ajena a sus lenguas, culturas y espiritualidad, más de visita que de presencia cercana.

Solamente escuchando al pueblo amazónico podremos conocer su verdad, una verdad que no es simplemente expresión racional de su cosmovisión sino de su sentí-pensar, de su vida, de su sufrimiento. Solamente escuchando el clamor del pueblo amazónico podremos denunciar proféticamente la injusticia de los poderosos y buscar una conversión ecológica integral de la sociedad y de la Iglesia, edificar una Iglesia de rostro amazónico, salvar la Amazonía y el planeta tierra.

Los creyentes de la tradición judeo-cristiana no deberíamos sorprendernos de esta necesidad de escuchar el clamor del pueblo: la sangre de Abel clama al cielo (Gn 4,10), el clamor del pueblo de Israel explotado en Egipto sube al cielo, Yahvé lo escucha y llama a Moisés para que lo libere (Ex 3,7.10); en los salmos, el pueblo clama a Dios pidiendo ayuda desde el abismo de su dolor (Sal 130, 1-2). En los evangelios, Jesús escucha el grito de los pobres, de los enfermos, de los marginados, de las mujeres (Lc 18,35-43).

La verdad bíblica no es una verdad helénica ni racionalista, el conocimiento semítico bíblico no brota de la simple visión ocular, sino de la escucha de lo que nace de las entrañas, de los riñones, del sufrimiento del pueblo. Cuando Pilato pregunta a Jesús qué es la verdad (Jn 18,38), Jesús no le responde, ni le da una respuesta filosófica. La verdad nace del clamor del Crucificado, la verdad nace de los crucificados de la historia, de las víctimas del pecado de injusticia. La fe cristiana nace del oído, de escuchar la Palabra de Dios, una tradición eclesial de mártires y pobres.

Volvamos a la Amazonía. Es sorprendente que muchos medios de comunicación solo se hayan fijado en el nº 129 b) del Instrumentum laborissobre la sugerencia de la ordenación sacerdotal de indígenas aunque tengan ya familia constituida, mientras han silenciado los 146 números restantes. ¿Por qué estos medios están tan interesados en la pastoral eucarística amazónica y silencian el clamor del pueblo amenazado de muerte? ¿Es algo casual? ¿No es un secuestro de la verdad?

Quizás nos pregunten, como Pilato ¿qué es la verdad? Únicamente podemos responderles que escuchen el clamor de la tierra y de los pobres. Esta es la verdad de la Amazonía. Esto es lo que nos propone el Instrumentum laboris.

Solo entonces podremos promover una conciencia ecológica integral, dar a la Iglesia un rostro amazónico, defender los derechos del pueblo y salvar el planeta tierra, que es nuestra casa común.

Imagen: http://www.generaccion.com/magazine/638/igualdad-oportunidades