Conferencia Episcopal Boliviana
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Los educadores católicos de Bolivia nos hemos reunido, en estos días de descanso pedagógico, en muchos espacios y lugares de nuestro país para reflexionar y analizar las luces y sombres sobre nuestro ser y quehacer en la tarea educativa.
Los educadores católicos somos conscientes de nuestra vocación, que tiene como base la fe, producto del encuentro personal con el Maestro, sin embargo, comprendemos que los desafíos de la educación son nuestras desafíos, aquí y ahora.
Los educadores católicos tenemos que asumir nuestro reto de salir a evangelizar, salir de nuestro “yo” y llegar a los niños y a los jóvenes, así como a sus padres y madres con nuestra palabra y nuestro ejemplo.
Es necesario tener instituciones católicas con una identidad clara producto de una formación permanente, de una experiencia, de una vivencia, una conversión y un modo de ser. La mayor parte de los cristianos somos bautizados, no convertidos.
Lo que identifica a la educación católica es la integralidad de los procesos educativos, cualquier medición de la calidad educativa tiene que partir de este concepto de integralidad educativa, cuyo centro está en Jesucristo.
Los horizontes de sentido para medir la calidad en la escuela católica están en: las enseñanzas del Evangelio, el pensamiento social de la Iglesia y la reflexión crítica de la vida y de la historia que permite transformar el mundo.
La educación integral e integradora está en diálogo con los nuevos contextos de la globalización, ello obliga a replantearse como desafío construir sus propios estándares e influir en los ámbitos políticos de decisión para participar en la construcción de los estándares que se aplican internacionalmente y no aceptar acríticamente los que se plantean por las instituciones educativas internacionales. Para plantearnos estándares que no nos hagan perder nuestra identidad tenemos que plantear los siguientes asuntos imperativos: Desarrollo humano integral, democratización del conocimiento, humanismo solidario y evangelizar desde el currículum.
El gran desafío es una escuela que educa evangelizando y evangeliza educando, en la que se reivindica la cultura de crítica, asumiendo el ejercicio del arte de la crítica y la autocrítica, elemento absolutamente imprescindible en la educación para la era digital.
La encíclica Laudato Si nos interpela desde a una visión ecológica integral en la que todo está relacionado: la ecología se vincula a la sociedad y la economía, esta lógica tiene que presidir nuestro trabajo educativo, desde el que tenemos que contribuir a hacer un llamado a la «conversión ecológica global», una “cultura del cuidado que impregne toda la sociedad”.
Así como la encíclica Laudado Si plantea un fecundo diálogo entre la ciencia y la fe, nuestro trabajo educativo tiene que plantear este diálogo interdisciplinar desde una perspectiva de ecología integral.
Desde la lógica del actuar la encíclica nos interpela a establecer una interdependencia de lo social y de lo educacional con lo ecológico. La educación está llamada a crear una «ciudadanía ecológica» y un nuevo estilo de vida, así como a celebrar una espiritualidad ecológica, fomentando una alianza entre la humanidad y el medioambiente.
La escuela tiene que potenciar la conversión ecológica, que tiene que fundamentarse en la crítica a la actitud consumista, la necesidad de una nueva conciencia ecológica como principio de la educación presente y futura y el compromiso moral que tenemos con el cuidado de la Creación.
La Iglesia y la Educación Católica tienen que involucrarse más con el cuidado de la Amazonía, como recurso global que permite el equilibrio climático y acuífero del planeta, a través del fortalecimiento de la labor de la Iglesia en la Amazonia, la sensibilización e información con la población amazónica, la sensibilización a la sociedad boliviana y el establecimiento de alianzas y redes nacionales e internacionales.
Ante los desafíos que se nos plantean la escuela católica tiene que articular una propuesta educativa de calidad y contextualizada a las realidades económicas, sociales y políticas; con unos valores que, a partir de la esperanza, toman en cuenta las capacidades y potencialidades de cada persona y el compromiso con la construcción de una sociedad justa, equitativa y en paz.
La educación católica boliviana se tiene que comprometer con el encuentro personal y comunitario con Cristo, priorizando una Iglesia comunitaria, participativa y sinodal que crece en el amor a Cristo y en el compromiso a través de la formación, implicándose en el clamor de los pobres y la Creación.
La tarea fundamental está en promover y fortalecer la unidad y comunión entre todas las iniciativas educativas de nuestra Iglesia Boliviana para que podamos hacer vigente el Proyecto del Reino de Dios: cultivar humanidad.