Educar es un acto de esperanza

El Día – 21-03-2021 – Juan Luis Zeballos Merubia – Secretario Ejecutivo – Área de Educación CEB

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Han transcurrido cinco meses desde el que Papa Francisco nos habló del Pacto Educativo Global como una necesidad de reinvención del quehacer educativo, en el que es necesario el aporte de todos y cada uno quienes estamos involucrados directa e indirectamente con esta tarea.

El Papa Francisco ha invitado no sólo a la comunidad educativa sino a toda la sociedad a sumarse para “construir una aldea de la educación donde se comparta en la diversidad el compromiso por generar una red de relaciones humanas y abiertas” (PEG,2020). 

Juan Luis Zeballos Merubia – Secretaria Ejecutivo – Área de Educación CEB

Esta propuesta nos propone algunos compromisos concretos:

— Primer: Poner en el centro de todo proceso educativo formal e informal a la persona, su valor, su dignidad, para hacer sobresalir su propia especificidad, su belleza, su singularidad y, al mismo tiempo, su capacidad de relacionarse con los demás y con la realidad que la rodea, rechazando esos estilos de vida que favorecen la difusión de la cultura del descarte.

— Segundo: Escuchar la voz de los niños, adolescentes y jóvenes a quienes transmitimos valores y conocimientos, para construir juntos un futuro de justicia y de paz, una vida digna para cada persona.

— Tercero: Fomentar la plena participación de las niñas y de las jóvenes en la educación.

— Cuarto: Tener a la familia como primera e indispensable educadora.

— Quinto: Educar y educarnos para acoger, abriéndonos a los más vulnerables y marginados.

— Sexto: Comprometernos a estudiar para encontrar otras formas de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso, para que estén verdaderamente al servicio del hombre y de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral.

— Séptimo: Salvaguardar y cultivar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, siguiendo los principios de subsidiariedad y solidaridad y de la economía circular.

Por su parte, la Congregación para la Educación Católica, en su documento: Educar al humanismo solidario (2017, 7-10), indica: Es necesario, por tanto, humanizar la educación; es decir, transformarla en un proceso en el cual cada persona pueda desarrollar sus actitudes profundas, su vocación y contribuir así a la vocación de la propia comunidad. «Humanizar la educación» significa poner a la persona al centro de la educación, en un marco de relaciones que constituyen una comunidad viva, interdependiente, unida a un destino común. De este modo, se cualifica el humanismo solidario.

Bajo estos términos, invito a revisar los proyectos educativos que tenemos a mano como País, Ciudad, Municipio, Comunidad Educativa, etc. Pues si no somos capaces de levantar la voz y proponer algo mejor para la sociedad del mañana, todo cuanto hacemos no tendrá sentido y habremos caído en la auto-referencialidad. Pues a pesar de que la educación es un proceso intencionado (político) no se alinea con un color, sino busca la formación integral y plena de todos los ciudadanos.

Tenemos mucho camino por recorrer, probablemente no lo recorramos todo; pero en algo debiéramos contribuir, de tal manera que aseguremos a las nuevas generaciones la posibilidad de vivir libre, consciente, justa y democráticamente, y la educación es el camino.

Me apunto a la invitación del Papa Francisco cuando nos desafía a no dejarnos robar la esperanza, porque formar estudiantes como ciudadanos y alimentar desde las prácticas educativas proyectos de sociedad democrática, fraterna y justa son tareas indisociables a la esperanza activa, aquella que se funda en una visión de la historia como tiempo de posibilidades y no de determinismos.